para ser un buen maestro se necesita ser un
sabio. "Maestro es estar inclinándose sobre el cuaderno
de los chicos, es estar todos los días", dice con
93 años el docente y poeta chaqueño Aledo Meloni.
Esto no significa que maestros y maestras no tengan
que sentarse a estudiar: "Yo he estudiado toda mi carrera
docente, todos los días aprendía algo nuevo",
recuerda Ida Deagna con sus 80 años. "Cuando pienso
en un maestro pienso en alguien abierto, poroso, ávido
de leer no solamente libros de texto", reconoce
Ovide Menin, profesor y rector universitario de 78
años. "El que piensa que es maestro porque tiene un
título, está muerto, no sirve, uno tiene que modificarse
y crecer todos los días", advierte Hugo Di Taranto,
docente porteño de 75.
Para llegar a ser maestro hace falta mucho empeño,
trabajo, dedicación, estudio, experiencia. Pero en las
historias relatadas se olfatea también la presencia de
un plus. Algunos dicen que ese valor agregado es la
vocación; otros explican que se trata de una misión:
cumplir, aunque sea de manera anónima, un papel en
la historia.
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